viernes, marzo 24, 2006

De conciertos varios

Cuando la música ocupa un lugar tan preponderante en la vida, es prácticamente imposible vivir sin escuchar escándalo en los oídos. En mi caso, algunas de las cosas menos malas que he escrito, han sido después de escuchar a Pink Floyd o a The Doors, o mejor dicho, mientras los escucho. Desafortunadamente no me ha sido posible ir a todos los concierto que he deseado. Perdí uno de Dream Theater, uno de Shakira (¡antes advertí que puedo ser fresa!), el de Paul McCartney, el de Madonna (ambos en el '93), los de Metallica... Pero hay varios a los que me era INDISPENSABLE asistir. Unos de esos, fueron los conciertos que brindó Pink Floyd en el Autódromo de la Cd. de México el 9 y 10 de Abril de 1994.

Sé que a casi 16 años de distancia, una reseña o crónica de dichos eventos puede verse afectada por mala memoria (¡aunque a mí se me antojan como inolvidables!). Sin embargo, hay detalles que recuerdo perfectamente. Uno de ellos, es que yo ni siquiera acudí como espectador. Trabajaba como un elemento más de seguridad en ese entonces, en una organización particular que se dedica (o dedicaba, ya no los he visto en esos eventos) a la seguridad en conciertos y cosas multitudinarias similares. El primer concierto, me tocó estar en las puertas. Eramos como 36 elementos repartidos en las puertas, para "cachear" a 75,000 almas que asistieron al conceirto.
Si ese día hice como 1,000 sentadillas consecutivas, fueron pocas. Pero precisamente ese era el PEOR lugar para estar en ese momento. Podía escuchar sí, a Pink Floyd en vivo, pero bien podía conformarme con hacerlo igual con un CD grabado en concierto. Así que, después de que tocaron mi canción favorita y se retiraron al intermedio, solicité a mi supervisor "auxiliar" en el interior. Accedió, porque -aunque suene que revelo un secreto de estado- ese día hicieron falta como 120 elementos para poder cubrir apenas el concierto. Recuerdo que una de sus instrucciones fue "O.K., pero si se arman los madrazos, no te metas. Vienes y me avisas para que jalemos gente". Y sí, teníamos un poco de miedo. Y más cuando a pesar de tus esfuerzos notas en el ambiente que mucha gente no está precisamente en sus cabales. Cuando entré al foro, lo último que revisé (aunque sí lo hice) fué ubicar al elemento más próximo. Yo estaba en otro mundo: veía a Pink Floyd -incompleto, sin Waters- tocando en vivo. Desde ese momento, lo demás carecía de sentido.

Como anécdota, y con la seguridad de que estaba al menos con 4 sentidos y medio disponibles (por el humo de la "mota"), hubo una aparición medio extraña. Y si fué alucín, pues fue un alucín colectivo, porque estaba yo hasta el fondo del foro, en donde ese concierto se apreciaba mejor que en ningún otro lado (excepción de la ubicación que tuve al día siguiente). Yo estaba de frente al escenario, y de pronto, toda la gente empezó a mirar hacia arriba a la izquierda, desde donde yo me encontraba. Y allí lo vimos: una bola de luz roja, en estacionario completo. No excesivamente brillante, pero sí lo necesario para poder advertirla. Así, como por un espacio de 10 o 15 minutos. Después, descendió lentamente. Y tras dejar caer algo -que dejó una estela de luz al caer- se marchó rápidamente. Creo que no fui el único que salió pensando que no estaba loco. Y el concierto siguió su curso "normal", y seguramente la banda ni cuenta se dió que tuvieron audiencia no esperada.

Tocaron antes del Encore "Comfortably Numb", encendieron la esfera de espejos que todo el concierto había estado apagada, los 3 minutos que la usan en esta canción, y al terminar la misma, se apagó para no volverse a encender. Se despidieron... pero las luces continuaban apagadas y la gente clamaba por más. Sin encender la luz, comenzamos a escuchar un arpegio que los fans inmediatamente identificamos como "Hey You", y volvió el apoteosis al foro. Fueron 4 de los minutos más maravillosos de mi vida. Pero al escuchar la que sería definitivamente la última canción, sentí una mezcla de alegría, euforia, tristeza y nostalgia. "Run like hell" comenzó a sonar. Y para efectos prácticos, todo, sus luces, fuegos artificiales, pantallas, y cualquier cosa (salvo la esfera de espejos) se movía al compás de la música. Con un estallido y un estruendo, Pink Floyd cerraba una página crucial en mi vida. Pero al día siguiente me esperaba una sorpresa mayor: me designaron a la guardia personal del grupo. Y la ubicación -ver todo el show tras bambalinas- fue mucho mejor, pero la sensación, el descubrimiento absoluto del poder de este maravilloso grupo al que extraño mucho, se revelaron el 9 de Abril de 1994, después de miles de sentadillas, cansado, medio drogado y absolutamente extasiado con ello.

Y otros eventos... creo que podré platicarlos en una ocasión posterior. Pero el de Pink Floyd era mi máximo en ese momento, y pienso que si se reunieran como en el Live8 e hicieran una gira mundial, gustosamente (¡y más aún!), juntaría mis suelditos y los redescubriría, aunque estuvieran sostenidos en andamios, caminaran en sillas de ruedas o muletas, y tuvieran qué ponerles algo para mantenerles el cuerpo con cohesión. Simplemente porque su música es de lo más perfecto que se ha realizado en este tiempo.